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Felices 75

Foto del escritor: Gabriela Solis
Gabriela Solis
29 abr
2 min de lectura

“Felices 75 en el cielo, viejito”, escribo en un estado de Whatsapp, que es hoy la única ventana que tengo con el mundo virtual. Hace seis meses que di de baja mis redes sociales, abrumada por cómo me estaba volviendo adicta y asustada por cómo me sentía: menos concentración y paciencia, más ansiedad y hastío. También, cada vez más, me hacía una insistente pregunta: ¿para quién estoy creando este personaje? Así que me borré de las redes que me quedaban: Instagram y Twitter. Lo mismo me pasó con Facebook hace 12 años y, en una noche en la que intentaba escribir pero regresaba una y otra vez al puto feed, decidí borrar mi cuenta. Fue absolutamente liberador. Nunca la he extrañado, nunca quise abrirla de nuevo. Así que enterré a las dos hermanas que le quedaban. Quería recuperar mi cerebro, volver a alimentarlo con algo significativo, darle silencio, calma. Me habría encantado platicar sobre esto contigo. 


“Felices 75 en el cielo, viejito”, escribo en un estado de Whatsapp, que es hoy la única ventana que tengo con el mundo virtual. Casi de inmediato me pregunto si ese “en el cielo” te habría hecho reír. Debo decir que a mí me hizo dudar. ¿Que los muertos estén en el cielo no es una idea religiosa, el hogar de un Dios en el que ninguno de los dos cree? No; el cielo es simplemente una bóveda que puede englobar todo: aves, minerales, astros, lluvia, y mi recuerdo de ti. 


“Felices 75 en el cielo, viejito”, escribo en un estado de Whatsapp, que es hoy la única ventana que tengo con el mundo virtual. ¿Para quién? Para mí. Quiero recordame que, a pesar de que te extraño más de lo que sé decir y lloro mientras escribo esto, hoy es un día feliz.



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