Deshielo a mediodía
- Gabriela Solis

- 16 oct 2021
- 2 Min. de lectura
Empecemos por decir que Tomas Tranströmer es sueco. Es interesante saber eso porque al leer su obra uno puede intuir cómo la geografía y el clima pueden influir en su poesía. Los paisajes helados, el anhelo del Sol y lo que éste representa inspiran versos como estos:
“Creído por nadie va el que vio un géiser, / y sabe desaparecer en lo profundo de su verde interior, / astuto y esperanzado”.
“Inmóviles en la niebla, los árboles del bosque / y la tundra húmeda espejeando en sí misma. // La mitad de la música está aquí, como el olor / a resina anda en torno a ramas heridas por el rayo. / En cada hombre, un verano subterráneo. / En el cruce de caminos, una sombra”.
A medida que envejece el autor, la poesía de Tranströmer gana en profundidad y encontramos poemas que laceran, preguntando sobre la existencia, el deseo fútil de trascender, la imposibilidad de conocer algo realmente. Estos versos de “Códex” son de mis favoritos:
“Pero los que realmente quieren ser borrados de la lista… / no se quedan en la región de las notas al pie, / no se incluyen en la carrera descendente que termina en / olvido y paz. El olvido total. / Es una especie de examen / que es rendido en silencio: pasar la frontera sin que nadie lo note…”
Y también estos de “Calles de Shanghai”:
“Estoy rodeado de signos de escritura que no puedo descifrar, soy / completamente analfabeto. // Pero he pagado lo que debía y tengo recibo de todo. / He cargado con tantos ilegibles recibos. / Soy un árbol viejo con hojas secas que cuelgan todavía y / no pueden caer a tierra. // Y un sopolo del mar hace que todos esos recibos crujan (…) Parecemos casi felices al sol, mientras nos desangramos por heridas que no conocemos”.
Si tuviera que escoger, yo me quedo con este verso del poema “Tránsito”, que describe preciosamente el esfuerzo inútil (y bello y necesario) que es la vida:
“(…) y el Limpiador va, con su traje viscoso, // nadando con brazadas cada vez más cansadas, en camino a ahogarse. / Y nadie sabe qué vendrá; solo se trata de que la cadena / se quiebre y sea soldada otra vez, constantemente”.




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